Condenados a Muerte

In Memoriam Cecy Avalos

8 de julio de 2021. Verónica Avalos Gutiérrez

Estamos condenados a muerte. Yo, tú, tus padres, tus hermanos, tus hijos, tus vecinos, tus amigos, todos, todos, todos, estamos condenados a muerte desde el primer momento en que somos concebidos. La vida solo es una carrera hasta encontrar nuestro ya marcado destino.

¿Por qué comenzar con un título tan violento?
porque es una realidad que hacemos de lado prácticamente a diario.
¿La razón?, porque de vez en cuando es importante tener presente nuestra fragilidad para tomarle sabor a la vida que estamos viviendo. Saber que nada será eterno aquí, saber que todo pasará, saber que las preocupaciones exageradas, las pasiones desmedidas, los problemas, los conflictos, todo es pasajero, porque finalmente llegaremos a aquel puerto.

Lo importante en mi opinión, es tener un equilibrio. Hacer consciente que somos seres mortales. Recordar que de aquí no saldremos vivos.

Dice una frase que la muerte está tan segura de ganar que nos da toda una vida de ventaja.

(Continúo escribiendo este artículo después de la muerte de mi hermana que ocurrió justo un mes después de que lo comencé).

El 8 de agosto pasado, debido a varios eventos acumulados y a una leucemia linfática crónica, finalmente mi queridísima hermana Ceci fue a encontrarse con su destino, bueno, con el mismo destino que todos tendremos más tarde o más temprano.

Fue una mujer excepcional. Vivió su enfermedad con mucha garra, sin aflojar el paso, pero sobre todo con mucha esperanza de seguir viviendo. Hizo todo para que eso sucediera.

La mayor parte de su vida adulta fue de puro esfuerzo y disciplina, ambas características que siendo niña le disgustaban claramente. Fue la más pequeña de la familia y por ello nuestros padres le permitían sus berrinches de vez en cuando, sus chiqueos, sus caras feas a las matemáticas especialmente y al colegio en general. No le gustaba el colegio. Desde pequeñita me llamaban después del recreo para que la acompañara y siempre me decía: “Vero, ya me quiero ir a la casa. Ya me acabé el lonche y se terminó el recreo”. A ella le gustaba jugar, le gustaban las risas y la diversión. Así vivió buena parte de su vida, me decía: “para qué te preocupas Vero, siempre nos ha ido bien”.

Creo que hasta que se casó comenzó a ver que las cosas no iban a ser tan maravillosas como esperaba. Pasó poco tiempo antes de la llegada de sus dos hijos y con ello cambió completamente su perspectiva. Entonces, aquella joven bella y tímida tuvo que endurecer su carácter para sacar adelante a sus hijos.

Mi hermana fue maestra; una excelente y muy jovencita maestra titulada. Desde los dieciocho años ya estaba graduada y tenía en sus manos la educación de muchos niños que ella amaba. Siempre le gustaron los niños y tenía talento natural para educarlos. Por muchos años trabajó sin descanso. Fue directora de primaria por diez años, haciendo una excelente labor de dirección y organizando muchos eventos llenos de alegría.

Usó siempre su creatividad para hacer reír en los eventos de su escuela, siendo creativa y alegre. Le gustaban los disfraces y ponía a todos a participar: maestros, niños y papás. Por diez años vivió en Cancún y en el último día de trabajo allá en su colegio, encontró a una niña llorando en las escaleras. Ceci le preguntó “¿por qué lloras?”, a lo que la niña le contestó aún sollozando: “Miss, ahora que te vas ¿quién me va a regañar con amor?”, y esa respuesta la llenó de ternura y satisfacción por la labor realizada.

Creo que fue en 2013 cuando se detectó una inusual inflamación en los ganglios. Entonces comenzó el camino que representó el más duro reto de su vida. Al principio, intentó buscar el alivio a través de la medicina alternativa y no obtuvo buenos resultados. Los ganglios comenzaron a crecer y entonces obtuvo un diagnóstico más acertado, así como una propuesta de tratamiento, pero estaba lejos de casa y sola con sus hijos que en aquel entonces eran menores de edad, para haberlo iniciado.

Pudo regresar a casa después de diez años de vivir en Cancún. Apenas llegó estuvo muy grave de salud en dos ocasiones, al tener tan bajas sus defensas, casi se nos muere de neumonía, pero en ambas, Dios le permitió salvarse y seguir adelante.

Después de eso comenzaron las quimios, diremos quimios “light” de esas que la cansaban un poco pero que la restablecían. Conservó su cabello y no parecía siquiera que las recibía. Rápidamente respondió al tratamiento y por primera vez sus ganglios comenzaron a bajar de tamaño. Muchos de ellos ya habían alcanzado el tamaño de un melón.

Ella se presentaba a las quimios con mucha disposición sabiendo que sus ganglios bajarían de la hinchazón que tenían y así sucedió por un buen tiempo, hasta que llegó la escasez de medicamento para su tratamiento provocada por este infeliz gobierno. No le completaban el esquema y cuando hubo medicamento era de tan baja calidad que sus ganglios no respondían adecuadamente. Le advirtieron que venía un tratamiento diferente, más agresivo y tal vez radiaciones.

Este año en particular, 2021, en el que ella tenía puestas todas sus esperanzas, se convirtió en un año muy complicado para ella, para su familia y para su enfermedad. Tal como comenté, fue una serie de eventos que se concatenaron y que finalmente la llevaron al hospital. En esta ocasión, ya no salió adelante. Era su momento, aunque me cuesta aceptarlo.

Comencé este artículo hablando justo de la muerte. De que no podemos escapar a ella. Cada uno tenemos una fecha que ya viene grabada en nuestro “traje espacial”. Es muy difícil de aceptar pero así es. Los eventos se suceden de una manera que nos llevan a que esa fecha se cumpla.

Dios le había permitido a Ceci salir adelante en dos ocasiones. Ahora, ante un escenario futuro de muchas complicaciones y dolores por su enfermedad, se la llevó, oportunamente quiero creer. Una parte de mí sabía que eso iba a suceder desde la última vez que había estado muy grave. De ese punto en adelante, decidí disfrutar cada momento que pudiera estar con ella y así lo hice, sin embargo, el tiempo nunca es suficiente. La extraño a cada momento. Si no hubiera sido por su enfermedad tal vez habríamos sido un par de viejitas renegonas y felices. Fueron 54 años de convivir con mi hermanita. El Sol de nuestra familia. Desde pequeña fue tan hermosa y así siguió. Era una muñeca. Siempre nos va a hacer mucha falta.

Solo puedo decir que nunca es suficiente para estar con los que más quieres, especialmente a los que llevas muy cerca de tu corazón. Y es perdiendo a los que tanto quieres y te importan, donde viene la pregunta indiscutible: ¿por qué no se llevan a otros que aquí nada más están robando oxígeno y nos hacen la vida imposible?. Creo que nunca entenderé esto.

Dios le permitió sobrevivir en dos ocasiones porque tenía que cumplir su misión. Mientras vivió puedo decir que solo recibimos muchas cosas buenas de su parte. Era un ejemplo de alegría, voluntad y ganas de vivir pese a todo. Tuvo una entrega desmedida hacia su esposo e hijos, cumpliendo en exceso con sus obligaciones.

Hacia nosotros sus hermanos, sobrinos y amigos, siempre tenía actos de generosidad en todo: en su tiempo, en sus regalos, en su alegría, en sus abrazos, en su cariño, en su compromiso, en su responsabilidad, en sus consejos, en sus regaños, en su acompañamiento y en su fuerza.

Hoy que no está, hay un enorme vacío que no se puede llenar. Ha sido duro y seguirá siéndolo. Yo ya lo sabía. Cuando tienes el privilegio de contar con alguien que te quiere incondicionalmente, sabes que te va a doler cuando ya no esté. Así es justo ahora. Lloramos porque no estará más para querernos y darnos su amor. Fue mi hermana y mi mejor amiga y la extraño profundamente.

Nos volveremos a ver, eso ya lo sé, mientras tanto te mando un beso hasta el cielo mi muy querida hermanita.

Artículo terminado el 12 de octubre de 2021.
Hoy hace 19 años Ceci estaba conmigo en el hospital. Mi hija acababa de nacer y mi hermana estuvo ahí para enseñarme ese nuevo camino de ser Mamá.
Infinitas gracias por todo.