El arte de consolar

Verónica Avalos Gutiérrez. 12 de mayo de 2021
¿Qué haces para consolar? y mejor aún, qué dices para consolar?
Se llega a la funeraria para dar el pésame a nuestros amigos o parientes y es entonces que nos enfrentamos al aterrador instante de decir algunas palabras a los deudos. En ese momento acuden a nuestra mente todas las muletillas que hemos escuchado montones de veces y que suenan a frases trilladas sin sentido y sin lograr consuelo para el deudo:
- Te acompaño en tu dolor
- Échale ganas
- Te vas a recuperar pronto
- Dios no manda cosas que no puedas superar
- Nada más se nos adelantó
- Reharás tu vida
Y no falta el que te dice: “ay, entiendo por lo que estás pasando, porque a mí cuando se murió mi abuelito, mamá, papá, hermano, mi perro, etcétera…” y entonces escuchamos la pena y el duelo del otro, que no está corriendo el mínimo proceso de empatía con el que está sufriendo la pérdida en ese momento.
De repente, hay también algunas otras frases que conllevan un compromiso y que si las ofrecemos debemos estar dispuestos a cumplirlas: “a la hora que sea estoy a tus órdenes”, “lo que necesites”, "cuando tú quieras". ¿De verdad?, ¿estás dispuesto?. En muchas pérdidas además de la compañía, se requiere dinero, que te cuiden a los niños, a los papás, ir al doctor, que te acompañen a hacer alguna o varias diligencias legales. Cuando hagas estos ofrecimientos, debes estar conscientemente preparado para cumplirlo, porque eso es justo lo que va a necesitar la persona que está en el proceso de duelo y que recibe tu ofrecimiento.
Decir las palabras adecuadas, en los momentos en que sabemos que nuestros amigos están atravesando un dolor emocional intenso, realmente requiere de tacto y de cortesía. En muchas ocasiones basta con un abrazo, sin tener que decir algo precisamente. La sola presencia es importante antes que las palabras sin sentido.
En algunas ocasiones y de forma cercana al o los deudos, se puede ofrecer ayuda, “en este momento, ¿te puedo ayudar con algo?”. Cuando mi Padre murió, por algún evento extraordinario no había autobús de transporte de la funeraria hacia el cementerio, así que le pedí amablemente a quienes nos acompañaban, que por favor nos pudiéramos acomodar en los autos que teníamos disponibles para quienes no tenían forma de moverse hasta allá. Todos participaron con gusto.
En su libro, El arte de consolar, Val Walker nos da las siguientes recomendaciones para dar ánimo a una persona que atraviesa una situación difícil o adversa:
Evite comparar el sufrimiento de una persona con el de la otra.
Tenga paciencia, deje a la persona moverse, hablar y pensar a su propio paso, no la apresure.
Cuide el ser amable, compasivo, atento y considerado.
Sea confiable. Quien consuela hace lo que dice que hará y mantiene su compromiso.
Hablé con claridad, en qué podemos hacer y en qué no. Poner límites evita que nos comprometamos demás.
Sin ser invasivo o demandante, en la medida en que podamos correr un proceso de empatía por la persona que está atravesando la situación difícil, lograremos ayudar a que este proceso, corto para algunos y largo para otros, sea más llevadero.
Pongamos empeño y sobre todo cariño y buena voluntad cuando tomemos el papel del que consuela, quién sabe si en un futuro, gracias a ese acompañamiento, nosotros recibiremos de regreso ese amable y cariñoso trato.
