Hombres Heridos

por Verónica Avalos. 21 de septiembre 2015.

Este pequeño artículo nace de la pregunta que varias amigas solteras, algunas divorciadas, me han hecho eventualmente: “¿hay todavía hombres buenos?” Diré que mis amigas son mujeres que tienen la esperanza de encontrar un hombre bueno con el cual compartir su vida. Mi respuesta es siempre la misma: “sí hay hombres buenos, pero están heridos”, y lo segundo que les contesto es: “y como no hacen nada para sanar sus heridas, van a seguir haciendo lo mismo que han hecho con sus otras parejas, obteniendo los mismos resultados”.

Llamo “Hombres Heridos”, a todos esos buenos hombres que van por nuestra vida como hermanos, hijos, amigos pero principalmente novios, esposos o parejas potenciales que se han creído, o mejor diré que, quieren aparentar, que son tan fuertes que nada deben de compartir, ni su dolor ni su miedo, ni su amargura, ni su decepción, ni su ansiedad ni su depresión. Notarán que no menciono la ira, porque en realidad socialmente es lo único que les permitimos expresar. Si están preocupados se enojan, si tienen miedo se enojan, si tienen ansiedad se enojan y he visto a algunos, pocos, que hasta cuando se dan cuenta que se han enamorado, se enojan.

Pensarán, quién es ésta que aquí escribe para hablar de este tema pretendiendo ser una experta. No lo soy, ni psicóloga, ni terapeuta, ni experta, sin embargo he trabajado durante treinta años muy de cerca con hombres como compañeros. Hombres de todas las edades, de diferentes niveles sociales y una muy homogénea forma de pensar respecto a cómo debe ser un hombre, más bien a cómo les dijeron que debe ser un hombre.

Se aprende mucho sobre ellos en este tipo de convivencia. Sólo hay que observarlos y platicar, eso sí, de uno a uno. Nunca falla cuando te acercas a cada uno y tocas algo que les es importante. Tiene que ser así, uno a uno, porque en grupo no se platican cosas personales, excepto el arte de fanfarronear porque todos son los mejores en todo. Pero una vez que llegas a esa parte, la que duele, vez primero la necesidad enorme que tienen de que alguien los escuche, que en realidad los escuche, con sus alegrías, sus tristezas, sus preocupaciones, sus amores. Y aunque parecen ser diferentes por fuera, son muy iguales por dentro. Tienen varias heridas. Heridas que vienen en la mayoría de las ocasiones de tiempo atrás, tales como la pérdida del trabajo, de un nivel de vida excelente, de uno o varios divorcios, o cuando se casaron con la mujer que no los amaba y que creían que si le daban todo entonces los querría, o cuando la novia que los terminó en 1973 (por poner algún año) los decepcionó y ahora todas las mujeres son iguales, o la pésima imagen que tienen de la mujer porque han tenido madres manipuladoras y chantajistas a las cuales no pueden enfrentar pero que ha formado su opinión sobre las mujeres. Ejemplos de heridas hay muchos.

Les da tanto miedo tocar esas heridas que prefieren distraerse con el alcohol, la fiesta, las drogas y sexo fácil. Pero eso es sólo distracción, porque las heridas, cualquiera que éstas sean, siguen ahí y duelen, mucho.

A algunos les ayudaría mucho el apoyo de un profesional, de un buen terapeuta que los acompañe a sacar ese dolor, pero no escuchan, ni quieren escuchar, lo cual es un verdadero desperdicio de tiempo. Muchos prefieren remontar la ola con varios whiskys o tequilas al día, no sé después de cuántos, la herida deje de doler, al menos durante ese día.

Hay otros que son muy tímidos, pero no lo parecen. Otros son muy serios, pero en realidad pueden ser fríos. Generalmente esas formas de expresión vienen de una profunda inseguridad en sí mismos y cuando se enamoran, esa inseguridad hace que algunos lleguen a ser controladores, posesivos y dominantes. Repitiendo el mismo patrón, vuelven a perder a su pareja, sin dejar de tomar en cuenta que la pareja tampoco es perfecta.

No puedo decir que estén solos físicamente, porque para la gran mayoría de los hombres siempre hay una pareja, aunque sea eventual, las estadísticas están de su lado, sin embargo, emocionalmente sí están solos y siguen heridos.

Sanar cuesta hacer un viaje hacia el interior, significa ir a tocar el dolor y es el miedo a sentir ese dolor lo que más nos detiene para comenzar. Es una verdadera lástima que nos falta valor para enfrentar las heridas y la vida de muchas y muchos cambiaría radicalmente. Además el viaje no lo harían solos sino que pueden ser acompañados por un terapeuta sensible y preparado, que al final los puede llevar a la vida que los está esperando desde hace mucho, mucho tiempo. No existen milagros, ni terapeutas perfectos tampoco, así que con un poco de suerte, se puede encontrar al adecuado.

También hay mujeres heridas, sin embargo, para las mujeres está socialmente permitido hasta llorar en público y manifestar sus emociones sin limitaciones lo cual es de mucha ayuda, además de que entre las mujeres siempre hay una red de apoyo entre las amigas.

Muchas han podido acudir a un terapeuta para sanar sus heridas o a grupos de acompañamiento y duelo, porque no sólo la muerte nos genera un duelo, sino también un divorcio, una pérdida económica, cambiar de residencia, etcétera. Nadie sale de un proceso como éstos siendo perfecto, debo aclarar, pero sí es de mucha, muchísima ayuda.

Como mujeres también tenemos la responsabilidad de educar hombres nuevos, diferentes, más abiertos a sus sentimientos y que se les permita desahogarse en algún lugar seguro. Como madres podemos hacerlo con nuestros pequeños hombres en casa y comenzar a construir para ellos y las mujeres del futuro una nueva forma de relación, menos dura y sola, y más integrada.

Evidentemente "hay de todo como en botica", y no hay que generalizar, sin embargo, es deseable que cada hombre herido se anime a buscar ayuda para sanar esas heridas, sabiendo que el alcohol, las drogas, o incluso el exceso de trabajo, sólo distraen durante unos momentos, pero cuando están a solas de nuevo, la herida sigue sangrando y está en espera de ser sanada.