EL TIEMPO PERDIDO

Por Verónica Avalos G. Junio 11, 2015.

Cada día que pasa nos acercamos más al día de nuestra muerte.  No sabemos cuándo ésta ocurrirá, sin embargo vivimos como si fuéramos a ser eternos. No importa lo que hagamos, ni cuánto nos cuidemos, no lograremos salir vivos de aquí.

Con este tipo de reflexión me pregunto, “y si esto es así, entonces, ¿por qué perdemos tanto el tiempo?”. No me refiero precisamente a perder el tiempo por no hacer nada, sino a desperdiciar los preciados momentos que podríamos pasar en compañía de alguien que nos gusta, pero no lo sabe, de otro alguien a quien queremos pero hace mucho que no se lo decimos, de aquel cuya vida ha sido tan significativa para nosotros pero no se lo hemos comentado, de otro alguien a quien le debemos una disculpa y no se la hemos ofrecido, o de aquel otro al que no podemos perdonar.

Ahí vamos por la vida arrastrando estos pendientes que no subsanamos, y quien esto escribe tampoco tiene resueltos todos estos pendientes.

Dicen que las palabras más dolorosas en los funerales son aquellas que no se dijeron cuando el fallecido estaba con vida.  De repente es ahí donde sí podemos decirlas, pero no serán escuchadas. ¿Qué hace la muerte que nos hace más reflexivos?, el miedo a decir lo que sentimos ya no parece tan terrible en ese momento.  Comienza la serie de "los hubiera”: ¿si le hubiera pedido perdón?, ¿si le hubiera dicho que siempre la he querido?, ¿si le hubiera dicho que me ha servido de ejemplo todo este tiempo?... y así infinidad de “hubieras” a los que llamo “el tiempo perdido”Cuánto amor desperdiciado a veces en las personas incorrectas, cuántos momentos memorables que podrían haber sucedido con las personas correctas.

Me pregunto qué es lo que nos detiene para hacerlo cuando es el momento correcto.  ¿Será que no sabemos cuándo es ese momento?, o ¿será que pensamos que viviremos una eternidad y que siempre tendremos tiempo?, yo me inclino más por esto último.

Seguramente no todos podremos decir lo que traemos adentro. Debo reconocer que se requiere ser valiente, ya que algunas de estas palabras podrían ser abrumadoras para algunas personas e incluso cambiarían, eventualmente, nuestra relación con ellas. 

El objetivo no es andar asustando a los demás, sino en reflexionar que sólo tenemos una vida, ésta, la nuestra, y que si tenemos algo pendiente por decir, es cuando estamos vivitos y coleando que podemos hacer algo al respecto.

Medítelo, piénselo y cheque si tiene algo pendiente que decir. Tal vez mañana sea demasiado tarde para hacerlo.