LOS FUNERALES SON PARA LOS DEUDOS

Verónica Avalos Gutiérrez. Marzo 22, 2015.
"Si puede, diga esas sentidas palabras a sus amigos y/o familiares mientras tengan vida, siempre es muy halagador e inyecta ánimo al espíritu saber por qué somos queridos y por qué seremos recordados. En vida será mejor porque cuando estemos muertos no podremos escucharlas." Verónica Avalos.
Tal como dice el título de este artículo, voy a comentar el tema de los funerales. ¿Qué pasa cuando hemos perdido a alguien y damos inicio al velorio y al funeral?
Primero algunas precisiones sobre las palabras que utilizamos y que nos van a ayudar a tratar el tema. ¿Quiénes son los deudos?, de repente es una palabra que confunde y no nos acaba de ubicar quiénes son esas personas. Los deudos son los parientes del fallecido. Luego seguimos con la precisión de qué es el velorio (velatorio es donde se lleva a cabo la velación), que así le llamamos al tiempo que transcurre antes de realizar el entierro o las exequias del fallecido, a las cuales les llamamos funeral.
Cuando perdemos a un ser querido, independientemente de las circunstancias en que esta pérdida suceda, nos vemos enfrentados a un proceso de aceptación a la realidad, y la realidad es que esa persona ya no estará más en nuestras vidas. Precisamente para tener un tiempo de transición y también para el cumplimiento de algunas reglas en varias religiones, se corre un tiempo de velación del cuerpo o de estar acompañando el cuerpo. En tiempos antiguos se procuraba este tiempo para estar seguros de que la persona que había fallecido, efectivamente ya no tuviera vida, ya que se había dado el caso de personas que, por alguna causa parecía que hubieran muerto y llegaban a levantarse del mismo ataúd.
El velorio es un tiempo que nos permite notificar a los parientes y familia lejana, así como a nuestros amigos, que nuestro familiar ha fallecido y que si desean hacernos compañía en el trance, estamos más que dispuestos a ello. Esto, por supuesto es un valor entendido ya que no se trata precisamente de una fiesta a la cual tengamos que hacer invitación.
Actualmente, el velorio se realiza durante unas 24 horas aproximadamente, en algunos casos en un poco menos tiempo y en otros casos más, culminando, en la religión católica, con una misa de “cuerpo presente”, antes de partir a la “última morada” que será ahora muy probablemente una urna con cenizas.
He notado de un tiempo acá, que durante la misa de cuerpo presente o en la misma capilla de velación, se ha adoptado la costumbre de poner una foto del fallecido en tiempos más recientes, antes de morir, digamos. De la misma forma, al final de la misa, además de unas palabras de agradecimiento por parte de los deudos, me ha tocado en turno ver que, por iniciativa de alguien cercano al fallecido, se digan algunas sentidas palabras por quien ahora ya no está presente. Este formato se ha prestado un poco del uso y costumbre norteamericana. Alguien cercano a la persona que falleció ofrece un pequeño discurso a manera de tributo, hablando de las cualidades y forma de ser del fallecido.
Considero que esta parte es una sana práctica para cerrar el tiempo de velación y el funeral. Los funerales son para los que quedan vivos, para que poco a poco y en compañía de sus familiares y amigos, vayan comenzando el proceso que les llevará adaptarse a su nueva vida sin la persona querida.
Finalmente, quien ha fallecido ya no estará ahí para escuchar lo que se dice de él, que en muchas ocasiones es una lástima, porque parece ser que las palabras más sentidas sobre nuestras pequeñas idiosincrasias y cualidades, se hacen más presentes cuando ya no estamos para oírlas.
De ser posible yo lo invitaría a dos cosas:
1) Si va a hablar de la persona que murió, recuerde que sus palabras van dirigidas a quienes la han perdido, a los deudos, y no al que ha dejado de existir. Ponga sentido a sus palabras y acoja con ellas a quienes le han sobrevivido.
2) Si puede, diga esas sentidas palabras a sus amigos y/o familiares mientras tengan vida, siempre es muy halagador e inyecta ánimo al espíritu saber por qué somos queridos y por qué seremos recordados. En vida será mejor porque cuando estemos muertos no podremos escucharlas.